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Gallegos y Torrealba: Una mirada a la Medicina del siglo XX

Un ejército de batas blancas plenó el auditorio Hugo Chávez Frías de la Unerg para escuchar sobre Gallegos y Torrealba.

Un ejército de batas blancas plenó el auditorio Hugo Chávez Frías de la para escuchar sobre y .

***Unergistas conocieron muy de cerca la vida y obra de ambos venezolanos.

Prensa Unerg..Más de trescientos estudiantes de los primeros años del programa de Medicina de la  Universidad Nacional Experimental “Rómulo Gallegos” (Unerg)  tuvieron la oportunidad de participar en un interesante diálogo en el que las vidas y obras de dos grandes insignes venezolanos,   fueron relatadas  con la intención de servir de ejemplo y demostrar que lo humano sobrepasa por mucho a lo material.

La actividad académica se realizó el miércoles 11 de mayo, en medio de un ambiente de camaradería y dinámica en el cual conversaron  los hijos del médico guariqueño José Francisco Torrealba: Ana Benigna Torrealba, Ana Teresa Torrealba y Rafael Torrealba; y los docentes del programa de Medicina:  José Oswaldo Pérez, Luis Franco y Rosario Belisario, quienes desgranaron las vidas y pusieron como ejemplo las obras de  José Francisco Torrealba y Rómulo Gallegos.

Familiares de Torrealba y docentes de Medicina no ahorraron palabras para hablar sobre la vida y obra de dos grandes venezolanos

Familiares de Torrealba y docentes de Medicina no ahorraron palabras para hablar sobre la vida y obra de dos grandes venezolanos.

Aún cuando uno era médico y el otro escritor, los profesores de la unidad curricular Arte y Cultura que se imparte en el programa de Medicina, bajo la coordinación del profesor Nelson Romero, supieron encontrar puntos de coincidencia en sus vocaciones para en torno a ellos organizar esta actividad que llamaron: Diálogos para escuchar sobre Rómulo Gallegos y José Francisco Torrealba, una narrativa sobre Arte y Cultura en la Medicina del Siglo XXI.

Previo al inicio del conversatorio, Evelin Fernández, vicerrectora académica, en representación de la rectora Arisela Medina, celebró la iniciativa de los docentes de Medicina por  unir en un mismo escenario  al epónimo de la Unerg y del programa de Medicina. Destacó la necesidad de que los estudiantes buscaran los puntos de coincidencia “entre las vocaciones de estos notables venezolanos que fueron grandes observadores e investigadores de una  realidad que marcó la historia de Venezuela, tanto en la literatura como en la medicina”.

El profesor José Oswaldo Pérez se paseó por la obra literaria de Gallegos y de como éste retrató, a través de su prosa mágica, la situación de la sociedad y las enfermedades que diezmaron a la población de aquel entonces;  enfermedades sobre las que, sin lugar a dudas, investigó el sabio Torrealba.

A juicio de Pérez y de la profesora de  Rosario Belisario la gran coincidencia entre el escritor y el médico, era esa observación minuciosa que hacían de  su entorno para luego plasmar sus resultados  en el papel y utilizarlos como base de sus investigaciones, y en el caso de Torrealba para dar con la cura o aliviar alguna enfermedad.

Ambos coincidieron al afirmar que las experiencias y obras de Gallegos y Torrealba, de u otra manera, deben influir en el proceso de formación de quienes en un futuro serán profesionales de la medicina.

Por su parte, Ana Benigna y  Ana Teresa le dieron el toque humano y familiar al diálogo al hablar con  evidente orgullo del médico Torrealba desde su perspectiva como padre. También significaron que los grandes aspectos en común entre  Gallegos y Torrealba fue que ambos vivieron y describieron el inhóspito  llano de su época.

“Desde puntos de vistas diferentes, pero igualmente importantes,  ambos hombres describieron la población analfabeta, supersticiosa, enferma, en condiciones económicas precarias  y sin aspiraciones de cambio. Gallegos lo escribió en versos y Torrealba lo denunciaba, pidiendo  intervenciones en salud, educación y  vivienda”, afirmó Ana Benigna.

Ana Teresa explicó que Torrealba  supo, con dedicación y humildad, compaginar su rol de médico investigador con el de padre. “Con paciencia y mucha humildad atendía solícito las necesidades de sus doce hijos;  por las tardes siempre había un momento para junto a él hacer las tareas de la escuela”.

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