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Eduardo Fernández: La mesa del diálogo tiene que corregir sus defectos

Eduardo Fernández “Tengo que reclamarle muy severamente al Gobierno que en vez de cultivar la fractura de la Unidad nacional, convoque a la unidad nacional”.

Eduardo “Tengo que reclamarle muy severamente al Gobierno que en vez de cultivar la fractura de la Unidad nacional, convoque a la unidad nacional”.

Especial/A juicio de Eduardo Fernández, excandidato presidencial y presidente del Ifedec,  en la Mesa de Diálogo entre el Gobierno y la oposición “ni están todos los que son, ni son todos los que están”.

Sostiene que “el país está condenado a tener éxito” solo que “todos estamos empeñados en privilegiar nuestros proyecticos personales o partidistas  y hemos perdido de vista el interés nacional, el amor  por Venezuela”.

En la conversación que sostuvo en la visita que hizo a PANORAMA, confesó: “Tengo que reclamarle muy severamente al Gobierno que en vez de cultivar la fractura de la Unidad nacional, convoque a la unidad nacional”.

 “Si Maduro me pidiera un consejo le diría: ‘¡Señor convoque a la unidad nacional! y no siga dividiéndonos entre  buenos y malos hijos de la patria”, dijo.

— ¿Y el Presidente no le ha pedido un consejo?

— Desgraciadamente no. El presidente Chávez sí tuvo la amabilidad de pedirme un consejo varias veces. Hay una mesa de diálogo y lo primero que observo es, que ni están todos los que son, ni son todos los que están. En esa mesa hay un grupo que es el Gobierno, que está viendo cómo hace para mantenerse aferrado al poder hasta el año 2018, y hay un grupo de pequeños partidos que están viendo cómo sustituyen a éste, pero ni siquiera se toman la molestia de decirnos cuáles son las medidas que recomendarían para superar la crisis.

— ¿Quiénes tendrían que estar en la mesa? 

— Los factores de la producción nacional. No hay un problema más serio en Venezuela que el hambre, ¿y cómo se resuelve?, produciendo, y  los factores importantes de la producción están ausentes de la mesa. Ahí no están los empresarios,  los sindicatos, los medios de comunicación social, no está la academia, las universidades.  Estoy convencido, que no hay sino dos opciones: o el diálogo o la guerra.

—  ¿Y de la oposición tampoco le han pedido un consejo?

— Nadie. Ellos son gente muy inteligente, pero tenemos 17 años pasándole la factura al Gobierno, ahora la pregunta es: ¿si el Gobierno es tan malo por qué la oposición no ha logrado cambiarlo?

—¿No cree que exista cierto temor en la oposición de llegar al poder en las condiciones que está el país?

—A cualquiera le daría temor. Es como para recordar la frase  de Jesús la noche antes de su sacrificio en la que dijo: ‘Señor si puedes  pasa de mí este cáliz’, a quien le toque gobernar a Venezuela, esto es un cáliz, pero un cáliz gratificante porque si hace lo que se tiene que hacer, salimos de esto rápido. Hay que componer a Venezuela para que el próximo Gobierno que llegue encuentre un país más o menos gobernable.

—¿Y hasta cuándo considera que debe haber un diálogo?

— Creo que esto que se está haciendo no es diálogo, es una ficción; porque el diálogo no tiene que estar montado sobre la base de qué me vas a dar tú y qué vas a ceder tú, sino por el interés nacional: ¿qué estás dispuesto a sacrificar? Yo me pregunto: ¿por qué los jefes de los partidos no están sentados allí, sino los subalternos? No están ni el jefe de AD, ni el de  Primero Justicia, ni el  Un Nuevo Tiempo. ¡Qué falta de seriedad es esa! Cuando lo hicieron los jefes políticos en 1958, fueron ellos mismos, y nos dieron 40 años de estabilidad. ¿Qué pasa? ¿les da pena ir a la mesa?

— Todo  en un contexto en que la paciencia del Vaticano no es infinita…

— Sí es infinita, es ‘sub specie aeternitatis’. El Vaticano piensa en la eternidad, para ellos el factor tiempo no es importante para nosotros los venezolanos sí. Aprecio muchísimo el interés del Vaticano y del papa Francisco, pero el problema lo vamos a resolver nosotros los venezolanos. Nosotros  no pesamos ‘sub especie aeternitatis’, sino en que la semana que viene tenemos que hacer mercado y que viene la Navidad.

— Es un mediador con mucha credibilidad y mucho peso…

—Es un mediador con inmensa credibilidad, pero por respeto al Vaticano nosotros deberíamos enseriarnos, ¿y cómo se enseria? ampliando la representación allí (en la mesa) fijando la agenda con los verdaderos problemas del país y el primero en la lista tiene que ser el hambre porque es un factor que moralmente nos obliga.

—  ¿Qué tan sano son los plazos  para un proceso como éste? usted habla del hambre, pero la oposición habla de presos políticos y elecciones.

—Con los presos políticos estoy absolutamente solidario; ahora, insisto en que se debe resolver el problema del hambre y el funcionamiento del Estado. Hace falta un Gobierno nuevo ya, del que no descarto que pudiera estar encabezado por el actual Presidente, pero hay que cambiar toda la gente. El Presidente tendría que tomar la iniciativa para cambiarse así mismo, no amenazándolo con que lo vamos a meter preso; no señor, que colabore con resolver el problema.  Los hombres que están allí (en el Gobierno) tienen 20 años dando vueltas en distintos ministerios y han fracasado. ¡Hasta cuándo señor!, le digo con todo respeto al presidente Maduro.  ¿Cómo es posible que usted no se ha dado cuenta que tiene que convocar a los mejores economistas para desmontar esos controles artificiales que nos tienen arruinados?

— ¿Y ese desmontaje no supone una terapia de choque?

— No. Hay que hacer una política de ajuste económico con gente que sepa hacerlo y con un liderazgo político que esté dispuesto a jugarse por eso. No un liderazgo político que esté calculando cómo ganan las  próximas elecciones.

— Entonces ¿quiénes son los adecuados para enfrentar este proceso..?

— Estadistas. Los políticos piensan en las próximas elecciones, los estadistas piensan en las próximas generaciones.

— ¿Cómo ve usted el 2017?

— He recibido información de los pronósticos del Fondo Monetario Internacional  y los que corresponden a  la inflación son escandalosos, algo que nunca hemos visto. Vamos de mal para peor. Yo les digo: Señores, aprovechen que hay una especie de mesa de diálogo en la que  encuentro muchos defectos, para que oigan la voz de los empresarios. Hay que aplicar una política de ajuste económico con una  de compensación social, pero con un Gobierno que esté dispuesto a jugársela, a corregir todos los disparates que hemos cometido en los últimos 100 años.

—Desmontar la cultura del rentismo petrolero toma tiempo, pero hay más de  200 mil millones de dólares fuera del país por una fuga de divisas…

—Totalmente, pero  esos 200 mil millones de dólares regresarán en un alto porcentaje a Venezuela en la medida que los enamoremos. No es amenazar, es enamorar quitando esos controles de precios, el gigantismo de la administración pública. Las empresas internacionales que no se han ido es porque saben que este país tendrá éxito.

— El próximo martes, el Gobierno y la oposición vuelven a sentarse, ¿el que se pare de la mesa pierde?

— Creo que no debe pararse  nadie de la mesa. Lo que hace falta es que los dos que están en la mesa, que no son dos, porque uno es el Gobierno y los otros son tres de los partidos del G4 de la Unidad Democrática, los que deben llevar como propuesta el invitar a los empresarios, a los sindicatos, a los medios (…) está en juego el interés nacional. Me parece insólito que sigan insistiendo con el  revocatorio cuando  el Gobierno ha manifestado que no lo va a tolerar. El país es mucho más que el Gobierno y tres partidos de oposición.

—¿Qué nivel de corresponsabilidad tiene la oposición?

— El Gobierno tiene una responsabilidad, pero la oposición co-gobierna y tiene una responsabilidad. Y si yo estuviera en la oposición me preguntaría: ¿qué hemos dejado de hacer, que teniendo un Gobierno tan malo   no hemos logrado cambiarlo?

— Hay muchos jóvenes, porque podría decirse como excusa que son los dirigentes de ‘la cuarta’…

—Eso es otra cosa. Se instauró la ‘novocracia’ hay que ser joven para poder participar y los que no somos exageradamente jóvenes, pues hemos tenido que resignarnos a ver los toros desde la barrera, a ver cómo los nuevos toreros lidian sus reses.

— No cree que existe un trauma político venezolano causado por lo ocurrido en 1989 y en el 2002 lo que está entorpeciendo la mirada política…

— Diría que hay varios traumas en la Venezuela contemporánea. Uno fue el Viernes Negro de 1983 por primera vez que el bolívar que había sido más solida del mundo se devaluó. Después el trauma social con El Caracazo de 1989 con el pueblo bravo. Luego vino el trauma militar y se produjeron dos intentos de golpe de Estado, el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, pero allí ocurrió algo que fue mucho más grave: cuánta gente aplaudió el golpe o cuánta gente guabinó con el golpe, cuántos medios apoyaron el golpe, los que salimos frontalmente a decir que  era malo fuimos castigados severamente por la opinión pública.  Luego vino el aumento del petróleo a más de 100 dólares, sin que Venezuela se hubiera preparado para esa riqueza. Esos traumas dispusieron de que el modelo político no estaba actualizado y este trauma que estamos viviendo nos obliga a revisar lo que estamos viviendo.

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