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Tiempo de Encuentros

CEPEDA VILLAVICENCIO

La Historia la América Latina en sus 200 años lucha contra el autoritarismo y las distintas facetas centralización un poder concentrado, tiene testimoniado el hecho que ninguno los Gobiernos fuerza se bastó sólo con el aparato militar para sostenerse indefinidamente, cuando el reclamo los pueblos y el determinismo la evolución se concatenaron para señalar su caída. Venezuela no ha sido la excepción, los sucesos que se desencadenaron para derribar la última dictadura que “habría” padecer el país, ocurridos en el año 1.958 con el derrocamiento Marcos Pérez Jiménez, así lo demuestran.

Las legítimas aspiraciones del pueblo de hacer sostenible en el un modelo de vida democrático, hoy 59 años después, están severamente amenazados, cuando un aquelarre político fundado en tesis mesiánicas y en un aventurero populismo, pretende erigirse en el poder de manera permanente, utilizando para ello banderas de lucha que han demostrado en las experiencias conocidas mundialmente, su inviabilidad socio-antropológica.

Los visos de corte totalitarista del actual régimen de Gobierno no pueden ocultarse, son fieles exponentes de esa afirmación, la excesiva influencia del militarismo en todas las áreas y esferas gubernamentales, las intolerancias observables, los  dogmatismos ideológicos y la fe ciega en el difunto caudillo, hacia el que se ha creado un culto que pretenden trascienda la inmaterialidad, así como un abusivo y distorsionado uso de los símbolos patrios, las inocultables intenciones de manipulación de los medios de comunicación, como parte de las estrategias para el control de las masas, y finalmente el desenfrenado deseo de conformar un partido único y la sistemática, generalizada y brutal imposición de prácticas represivas para contrarrestar toda manifestación de oposición, crítica o disidencia.

La fenomenología hoy determinante, está signada por una Mega-Crisis, la cual no es sólo de dimensiones políticas y económicas, es también de afectación de todo el tejido social de la nación. El deterioro del sistema inmunológico, que está conformado por todo el cuerpo de valores que hacen posible la vida en sociedad, ha menoscabado los derechos naturales de los ciudadanos, reivindicados mundialmente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, al supeditarlos a una eufemística y mala interpretación de un derecho positivo impuesto y direccionado intencionalmente para sojuzgar las libertades públicas.

No tenemos la menor duda de que el actual sistema de Gobierno es una dictadura de nuevo rostro, sustentada en su legitimación de origen, pero que inexorablemente por su afán de permanencia en el poder, se desliza, acercándose gradualmente a una dictadura tradicional.

Ahora bien, ante el ya no disimulado desarrollo de los acontecimientos, surge inmediatamente una interrogante: ¿Cuál debería ser la actitud de los sectores vanguardistas de la oposición, entendiendo por esta, a todo el amplio abanico de sectores, actores, factores e individualidades políticas que manifiestan su total y absoluto desacuerdo con el actual régimen? Obviamente  que según nuestra apreciación, no puede ser de expectativa, ya que esta posición es indigna y niega el derecho de las futuras generaciones, se debe más bien insistir y coexistir con la tarea concreta de acopiar elementos de todo orden, y con el mayor rango de amplitud, que procure el desarrollo activo de todo un caudal de estrategias para rescatar definitivamente nuestra democracia, concretando a través del sufragio universal y secreto, un desarrollo equilibrado y civilizado de los planos políticos, sociales y económicos. El tiempo de encuentro que nos designa la historia, obliga sin denuedo que todo el andamiaje de estrategias sea regulado con criterios realistas y factibles, nutridos innegablemente de doctrinas que permitan la elevación y el mejoramiento de la calidad de vida del pueblo venezolano.

Ahora, ante la nueva realidad que aspiran imponernos, con una abusiva e ilegal convocatoria a una CONSTITUYENTE, que sin lugar a dudas significa un retroceso en la progresividad de los derechos adquiridos constitucionalmente por el pueblo, que viola descaradamente la universalidad, proporcionalidad e igualdad del sufragio, al pretender imponer de manera dictatorial, unas bases comiciales inconsultas, en las que se observa el establecimiento de un mecanismo electoral sectorial inconstitucional, complementario de una elección territorial configurada dentro de un marco de ventajismos, propio de una casa de juegos de envite y azar, en el que definen que cada municipio del país, independientemente del número de sus habitantes elige por igual, un constituyentista.

Estamos en consecuencia, en la obligación de coincidir en un acuerdo nacional, que nos permita impedir que se concrete, un adefesio histórico jurídico sin precedentes, como el que espera realizar la camarilla gubernamental. A tales efectos, debemos asumir sin complejos en este crucial momento de nuestra historia, independientemente de las observaciones y consideraciones que se puedan tener con relación a la constitución vigente, su incondicional defensa, y en consecuencia la democracia allí contemplada. No se necesita hacer una nueva constitución, para garantizar la paz ciudadana y los derechos consagrados en ella.

Finalmente, debemos dejar claro testimonio, de nuestra más firme aspiración, enfrentar rotundamente, la perversa intencionalidad gubernamental de imponer un monismo ideológico, en una sociedad cuya existencia la ha venido caracterizando, su pluralidad, heterogeneidad y su condición poli cromática, multiétnica y espiritualista.

POR: JESUS CEPEDA VILLAVICENCIO

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