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Realidad y Nuevos Paradigmas

CEPEDA VILLAVICENCIO

***Decía gabo; que la desbordaba la fantasía, es más, esta no cabe en la ideología.

Si hay algo que más se asemeje a este epitafio enunciado por nuestro nobel, Gabriel García Márquez, es precisamente, la caracterización que le impone el realismo globalizador, a las distintas formas y maneras en que tratan de organizarse las sociedades; La perfectibilidad de las democracias, El cambio climático y/o los fundamentalismos religiosos e ideológicos, parecen direccionar las pautas, entre los consensos y los disensos de los distintos gobiernos a escala planetaria.

Tal vez, en una síntesis de las reflexiones de dos pensadores modernos, el historiador y catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, España, Josep Burguera, en su obra, La Economía de lo Absurdo, y el sociólogo alemán Ulrich Reck, en su propuesta de que la política debe volver a jugar una función decisoria, encontremos una vía interpretativa, que nos permita visualizar con mayor certeza, las tendencias mundiales prevalentes.

Desde el momento en que la política abandonó la economía, esta, dejo de estar al servicio de las grandes mayorías de las personas, pasó a ser un artefacto absurdo. Tal situación se puede observar en los regímenes extremos; Aquellos donde la lógica de las mercancías, sustituye al Estado, y en los que, el Totalitarismo del Estado, absorbe la economía, aun cuando estos últimos se encuentren muy reducidos, por la estrepitosa caída de su modelo más icónico, la URSS (este es el ejemplo histórico más elocuente, de la inviabilidad socio- antropológica de los totalitarismos), hay todavía vestigios, rémoras, que pretenden exaltar su vigencia, lamentablemente, uno de esos aislados casos, ocurre en nuestro país. Ambos extremos han demostrado ser altamente eficientes, generando pobreza y masificando desigualdades.

La inminencia de un cambio de en la reorganización de las sociedades, debe inexorablemente conducir a un estadio, donde el péndulo se deslice en la búsqueda de lo que, algunos llamamos, los equilibrios necesarios.

En este sentido, hay coincidencias sobre la necesidad de recuperar la noción de ciudadanía, y, por lo tanto, las facultades libérrimas, para que la gente decida, sobre las cosas fundamentales que aspiran o las afectan, en un entorno apto para la construcción de sus proyectos de vida. Pero, su logro será posible, si y solo si, se recupera el valor conciliatorio de la política, dentro de parámetros no sesgados, por intereses corporativos extremos, ni por fanatismos, macerados en fundamentalismos ideológicos o religiosos. En estos paradigmas, no se puede anteponer las ideologías, por encima del deber ser de la política, ni de las reales necesidades del pueblo. La política debe facilitar la acción transformadora, sin dejar de tener clara conciencia, de que cada acción del ser humano, es el resultado de una idea.

Los principios ideológicos y los enunciados teóricos, son elementos esenciales en la construcción de una sociedad, pueden o no, ser iconos de su erudición, pero seguramente será poco lo que puedan aportar como viabilizadores de soluciones, sino se contextualizan adecuadamente, es decir si no limitan las necesidades básicas de la gente, suficiente ejemplo nos da la historia, acerca del comportamiento de la naturaleza humana. Precisamente cuando esto ocurre, el fenómeno de la ideologización que polariza, impide la consecución de transformar la realidad como elemento prioritario, porque en el constructo practico, la ideología esta primero, imponerla es lo fundamental, y en ello juega un papel estelar la psicoadaptacion, como mecanismo de subordinación colectiva, aquí la manipulación de la percepción pública alcanza sus niveles más altos.

Joseph Stiglitz, en su obra, El Precio de la Desigualdad, advierte, precisamente, que, en la política, las percepciones son cruciales, y los ideólogos más fervientes eligen cuidadosamente los ejemplos y extraen de ellos amplias generalizaciones. Un caso clásico de tal afirmación, lo representa el poder corporativo, cuando hábilmente manipula a la percepción pública, apelando a la equidad y a la eficiencia, cuando la realidad demuestra que ellos son los únicos y verdaderos beneficiarios con la aplicación de políticas que les son subordinadas. Conocen muy bien el arte de la manipulación. Lo mismo ocurre en el caso venezolano, donde las supuestas “virtudes mesiánicas “de un modelo político inviable, son abrumadoramente exhibidas, a través de una escandalosa y engañosa publicidad, con la que se pretende ocultar todo lo oprobioso del sistema de gobierno que han venido imponiendo. Pero, a pesar de ello, es imposible que se escapen del escrutinio de la modernidad, donde los resultados de la acción transformadora de la política, se miden por la solución efectiva de las demandas de la sociedad, y no por el espejismo de lo que se pretende vender, como paradigma de transformación social.

Consideramos que este inicio del tercer milenio de la era cristiana, con un mundo globalizado, la división ideológica entre izquierdas y derechas, no tiene sentido, es más, esta terminología fue acuñada intencional y circunstancialmente por el modernismo, ella no es el corolario de un prolongado proceso doctrinario, es más bien, el resultado de unas identidades, que pueden, como en efecto lo son, ser útiles como categorías de análisis, y como dice el escritor colombiano, Augusto Trujillo, lo que se sigue llamando izquierda, no termina de liberarse de los ideologismos, y lo se sigue llamando derecha, suele producir más hechos que teorías, y, obviamente, todo esto, tiene consecuencias políticas. Por supuesto que no está dentro de nuestro sentido común, aspirar a la desideologización de la sociedad, por cuanto ello resultaría una entelequia, sino que es inevitable, el que esta, se adecue a nuevos paradigmas, donde el antagonismo y el enfrentamiento permanente entre derechas e izquierdas, sea sustituido por el debate racional de las ideas y de los mecanismos que puedan facilitar la solución, aunque sea de manera parcial, de los principales problemas que agobian a la ciudadanía. Es imprescindible el dialogo y la búsqueda de los entendimientos básicos, que permitan la ubicación de la política, definitivamente en el campo de la civilidad. Una nueva visión del ejercicio cultural de la política.

Venezuela posee una herencia histórica, donde la cultura política ha sido más dada al enfrentamiento, que, a la transacción, esto fue recogido y elevado a las más altas cotas por Hugo Chávez. El, cuando llega a la presidencia, cultivó la división de la sociedad en dos bandos, los que apoyaban a la iv república, y los que aspiraban a su definitiva destrucción. Es el, quien termina de fraguar a partir del año 2005, la polarización de la sociedad bajo el signo de la ideologización de la política. Esta situación aceleró el deterioro de la convivencia pacífica y de la calidad de vida de los venezolanos, un hecho que sin lugar a dudas puede seguir empeorando, si no se logra una negociación política, donde impere la sensatez y una visión más civilizada de la política, más alejada de todo fanatismo o radicalización de los antagonismos, y donde el pregón de la paz, no sea utilizado o sirva para incubar nuevos odios.


JESUS CEPEDA VILLAVICENCIO

CEPEVILLAJL56@GMAIL.COM

SAN JUAN DE LOS MORROS 20- 7-2017

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